El 27 de marzo de 2000, Cisco fue brevemente la empresa más valiosa del mundo. Sus acciones marcaron un máximo de 80 dólares y su capitalización superó los 500.000 millones. Después perdió cerca del 90% de su valor. Su cotización no volvió a pisar aquel precio hasta diciembre de 2025, más de un cuarto de siglo después, y aun así la compañía sigue valiendo unos 250.000 millones menos que en el pico, porque hoy tiene muchas menos acciones en circulación.
Cisco no era un fraude ni una mala empresa. Vendía las tuberías de internet, e internet lo cambió todo. Esa es la lección incómoda de la burbuja puntocom: la tecnología acertó y, aun así, los inversores perdieron dinero.
Con la inteligencia artificial, la pregunta es inevitable. En este artículo comparo la burbuja de 2000 con Nvidia, los grandes hiperescalares y OpenAI, separo los patrones que se repiten de los que no, y termino con mi veredicto: ¿es la IA una burbuja?
Qué fue realmente la burbuja puntocom
El Nasdaq se multiplicó por más de cinco entre 1995 y marzo de 2000, cuando tocó los 5.048 puntos. Después se desplomó cerca de un 78% hasta octubre de 2002 y tardó unos quince años en recuperar aquel nivel. Por el camino quedaron los casos de manual: Pets.com salió a bolsa en febrero de 2000 y se liquidó en noviembre; Amazon llegó a perder más del 90% de su valor antes de convertirse en un gigante; y operadoras como WorldCom o Global Crossing quebraron tras tender mucha más fibra óptica de la que el mercado iba a utilizar.
Tres ingredientes explican el episodio:
Una narrativa cierta. Internet iba a transformarlo todo, y así fue. Pero se dio por bueno, por ejemplo, que el tráfico se duplicaba cada cien días, una cifra que resultó ser un mito y que justificó inversiones descomunales.
Capital abundante. Salidas a bolsa a toda velocidad, capital riesgo sin filtro y deuda para financiar casi cualquier plan.
Infraestructura sobredimensionada. Se construyó para una demanda que tardó años en llegar, y el exceso de capacidad hundió a quienes la habían pagado.
La tecnología funcionó. Lo que falló fue el precio pagado y la forma de financiarla.




